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La cuarta reunión del G-20 nuevamente defraudó al demostrar que no es la instancia capaz frente a los grandes problemas globales de dar respuestas en ese nivel. En lo principal su comunicado expresa un aparente consenso entre las economías industrializadas, particularmente EE.UU y Europa, para buscar encontrar una salida en el debate producido si es o no el momento adecuado para finalizar las políticas de estímulo macroeconómico, particularmente fiscal, que impidieron, a lo mejor transitoriamente, que se produjese una nueva depresión global, y quienes son, encabezados por Alemania, partidarios de la reducción de los déficit presupuestarios como la vía para darle “confianza” al sector privado para que reemplace el cese de las políticas anticíclicas aumentando su consumo y las inversiones. La cita de Toronto se inclinó en su formulación consensuada por colocar en primer plano el objetivo para que en un plazo acotado las economías industrializadas, a ritmos diferentes, reduzcan los déficits fiscales. Es una demostración del avance producido en estos países por sectores conservadores, que reducen el papel activo del Estado.
¿G-20 foro principal para la cooperación económica global?
El comunicado conjunto de la cuarta cumbre del G-20, efectuado en Toronto (Canadá) buscó dar una forma única a las posiciones divergentes de las potencias industrializadas. La realidad de los países emergentes prácticamente no se consideró y varios de sus representantes manifestaron su malestar. "El comunicado final - anotó The World Street Journal-, (…) representa un compromiso entre dos distintas posturas acerca de la economía mundial, ocultó las divisiones entre las delegaciones de Europa y Estados Unidos que afloraran en los preparativos de la cumbre. EE.UU. advirtió que un retiro acelerado del estímulo fiscal podría propiciar una recaída global. Los europeos, liderados por Alemania, enfatizaron que un exceso de cautela podría producir cargas de deuda insostenible (...) y posibles cesaciones de pagos de deuda soberana" (27/06/10). No se cumplió con el objetivo proclamado en noviembre del 2008 en la primera cumbre del G-20 que la instancia permitiría "soluciones globales a problemas globales". Frente a problemas globales se produce un abanico de formas diferentes para enfrentarlas.
El texto descansa en la propuesta canadiense que se fijó objetivos alcanzables, a pesar de las formulaciones diferentes tanto para Europa como para EE.UU. Hasta pocas horas antes de la sesión plenaria el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner -reiterando la formulación a los participantes, expresada en una carta por Barack Obama- puso el acento en "potenciar el crecimiento". Pero, el texto final colocó en primer plano acelerar el ajuste de las cuentas públicas. Los estímulos fiscales se circunscribirán a los "ya existentes" y durarán únicamente hasta 2011.
El ritmo de los ajustes serán decididos por cada país industrializado, comprometiéndose a "al menos, reducir a la mitad sus déficit públicos en 2013 y empezar a reducir el peso de la deuda pública en relación con el PIB a partir de 2016", momento en que - según las estimaciones del FMI -la deuda pública de los países avanzados del G-20 habrá alcanzado el 117% del PIB conjunto. En 2007, año de inicio de la crisis financiera era de 80%. En todo caso, se trata de compromisos no vinculantes ni sujetos a supervisión o a la aplicación de sanciones. Es decir, no tienen ninguna fuerza efectiva. Entrega un amplio margen de decisiones país por país.
"Reducir el déficit a la mitad para algunos países es un ajuste draconiano -manifestó el ministro de Finanzas brasileñas, Guido Mantega, que representó a su gobierno-, cuando uno se pasa en la medicina -agregó- puede matar al paciente". "La política de austeridad- señaló a su turno la presidenta argentina Cristina Fernández- es un desastre, nosotros ya lo experimentamos en 2001", cuando se desató la crisis transandina. India y China fueron contrarios a socavar el crecimiento. Por lo demás, el propio documento constató que "hay un riesgo de que el ajuste fiscal sincronizado pueda tener un impacto adverso en la recuperación", para luego equipararlo con el que se produciría con "el fracaso en la consolidación de las cuentas públicas donde sea necesario" que reduciría la confianza, obstaculizando el crecimiento.
Se actuó en forma absolutamente inversa a la recomendación de destacados economistas. "Gasten ahora- ha escrito Paul Krugman- que la economía está deprimida: ahorren luego, una vez que se haya recuperado. En todo el mundo, las políticas parecen decididas a hacer lo contrario. Están ansiosos de privarle de dinero a la economía cuando necesita ayuda, al tiempo que se resisten a abordar los problemas presupuestarios a largo plazo. Ahora mismo- agregó ejemplificando con EE.UU. - tenemos una economía enormemente deprimida, y esa economía deprimida está infligiendo daños a largo plazo. Y cada mes que pasa nos vamos acercando a una trampa deflacionista similar a la japonesa. De modo que éste no es un buen
momento para la austeridad fiscal"(27/06/10).
Más aún, en una columna escrita poco después en The New York Times, afirmó “ahora, me temo, estamos en la primera etapa de una tercera depresión. Aunque la responsabilidad fiscal a largo plazo es importante, rebajar drásticamente el gasto (…) abriendo paso a la deflación, es una actitud abiertamente autodestructiva. Probablemente sea más semejante a la Larga Depresión que a la mucho más grave Gran Depresión. Esta tercera depresión será, primordialmente, un error de política. Tanto Estados Unidos como Europa se encaminan hacia trampas deflacionarias al estilo de Japón” (30/06/10). La primera depresión a que hace mención Krugman se produjo en la década de los setenta del sigo XIX y fue provocada por una contracción en los precios de los alimentos, que llevaron a todos los países industrializados, excepto el Reino Unido, a establecer aranceles para proteger el empleo interno.
George Soros, de visita en Berlín durante los días de la cumbre de Toronto, afirmó que la excesiva austeridad fiscal que Alemania busca establecer en la eurozona, empuja a la región a una deflación, considerado como uno de los mayores riesgos macroeconómicos existentes actualmente a nivel mundial en los países industrializados, como consecuencia del bajo nivel de actividad económica, a acentuarse con las políticas de ajuste. “En este momento –explicitó- los alemanes están arrastrando a sus vecinos a la deflación, que amenaza con una larga fase de estanflación. Y eso lleva a su vez –añadió-, al nacionalismo, descontento social y xenofobia. La propia democracia –concluyó- podría estar en peligro” (02/07/10).
Joseph Stiglitz, a su turno, sostuvo: “Los recortes en Alemania, Reino Unido y Francia (de gasto público) significarán que todo Europa va a sufrir. Si todos siguen esta política, sus déficits presupuestarios empeorarán, y tendrán que hacer más recortes y elevar más los impuestos. Es una espiral viciosa descendente. (Herbert) Hoover –agregó- creía que cuando se entra en recesión aumentan los déficit, por lo que optó por los recortes, y esto es precisamente lo que quieren ahora los estúpidos mercados financieros que nos metieron en los problemas que tenemos” (02/07/10).
Por lo demás, el propio comunicado de la cumbre calificó la recuperación económica global de "dispareja y frágil" y expresó que para alcanzar un crecimiento sostenible" necesitamos seguir adelante con los actuales planes de estímulo mientras trabajamos para generar
las condiciones para una demanda robusta del sector privado" (27/06/10). Por tanto, se fijaron un plazo de un año y medio para que el "sector privado", o sea el consumo, la inversión empresarial y las exportaciones puedan reemplazar el papel en la recuperación de los estímulos fiscales. Alternativa extraordinariamente dudosa.
En Toronto estuvo muy presente el giro hacia la derecha producido en varios gobiernos de las economías industrializadas. Ello se expresó en el comunicado final, que si bien habla de crecimiento económico y una acción más decidida en el plano financiero, en definitiva se cargó claramente hacia la reducción de los déficits y deudas fiscales. Este giro también se produce en el propio Congreso norteamericano. El Senado le propinó pocos días antes de la cumbre del G-20 una derrota a Obama al rechazar una extensión de la ayuda a los desempleados que constituía una forma de prolongar medidas de estímulo económico.La posición de la Casa Blanca frente a la cumbre fue expresada en un artículo publicado en The Wall Street Journal pocos días antes de su realización por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, y el presidente del Consejo de Asesores Económicos de Obama, Lawrence Summers. "Tenemos que demostrar - señalaron - un compromiso para reducir los déficits a largo plazo, pero no al precio del crecimiento a corto plazo. Sin crecimiento ahora, los déficits aumentarán y pondrán en riesgo el crecimiento futuro" (29/06/10). Sin embargo, la cita puso el énfasis en reducir los déficit en plazos breves.
La canciller alemana, Angela Merkel, calificó la cumbre como “un éxito", "es mucho más de lo que esperábamos". Fueron sus propuestas las que en ritmos diferentes son hechas suyas por los países industrializados. Es una muestra muy clara del triunfo de las posiciones más conservadoras. El G-20 que nació para coordinar políticas a nivel global, ahora admite la existencia de respuestas diferentes. La pregunta obvia es para qué sirve el G-20.
Igualmente se decidió que cada país resuelva como garantizar que los bancos financian los rescates futuros de entidades en problemas. Los nuevos requerimientos de capital a exigir a las entidades financieras se dejó para fines de año, pero adelantando desde ya que "su
aplicación será gradual". “Los líderes G-20 -comentó Financial Times- pueden querer reforzar los bancos para prevenir una futura crisis, pero ellos exactamente no ´se rompen el lomo´ para hacerlo. En su reunión en Toronto, ellos se ponen “el objetivo” de tener nuevos acuerdos hacia fines de 2012. La total puesta en práctica seguirá un paso incierto a partir de entonces” (01/07/10).
En cuanto a la liberalización del comercio internacional, después de los fracasados intentos de llegar desde hace nueve años a acuerdos en la Ronda de Doha, sólo se proponen alcanzar "una conclusión ambiciosa tan pronto como sea posible". Más vago es imposible.
En otras palabras no hay acuerdos globales, alcanzándose compromisos en materia de ajustes fiscales entre los países industrializados, que representan algo menos de la mitad del producto mundial. El camino concordado tiene similitudes con la cumbre del G-5 efectuada en Tokio en 1979 que se planteó como objetivo central reducir los niveles de inflación, utilizando como mecanismo principal subir las tasas de interés. EE.UU, como consecuencia de ello experimentó una doble recesión. El peligro de vivir experiencias similares es muy grande.
El G-20 no estuvo a la altura de las circunstancias. Su legitimidad como instancia de decidir políticas globales está cuestionada. No ejerce la labor de dirección de la economía mundial que se autoasignó como "principal foro para la cooperación económica internacional”. Toronto constituyó un esfuerzo para ocultar las diferencias. "No ha aparecido por ningún lado editorializó El País – la coordinación urgente de las políticas económicas de los 20 (ni siquiera la (...) del G-8)" (27/06/10).
La cumbre igualmente no logró concordar posiciones frente a la constantemente proclamada necesidad de una reforma financiera. Barack Obama llegó a Toronto luego de alcanzarse en el Congreso estadounidense un acuerdo definitivo para aprobar la mayor reforma financiera en EE.UU. desde la década de los treinta del siglo pasado, que al finalizar junio ya fue aprobada por la Cámara de Representantes, faltando la votación favorable del Senado, postergada hasta mediado de julio. “Las nuevas reglas -declaró el presidente estadounidense- serán un modelo de salvaguarda que puede proteger a todas las naciones". El acuerdo se alcanzó en medio de una intensa polémica que se prolongó por más de un año. "Nunca antes-reseño El País - la entidades financieras habían hecho un esfuerzo semejante en la defensa de su causa. Nunca antes -añadió - una Administración había llegado tan lejos en su enfrentamiento con Wall Street" (26/06/10). Obama llevó a Toronto la reforma financiera concordada como "modelo" a generalizarse. No lo logró.
El aspecto principal del acuerdo fueron las limitaciones establecidas al funcionamiento de los bancos comerciales, aunque éstas resultaron inferiores a las temidas por el sector y menores a las planteadas en el proyecto original enviado al Congreso. Las medidas se concentran en dos líneas fundamentales: reducir los riesgos a futuro del sistema financiero y aumentar los mecanismos de vigilancia en el sector. El proyecto original impedía que la banca comercial efectuase especulaciones en operaciones de alto riesgo. El acuerdo limita esta posibilidad hasta un 3% de su capital. Igualmente deberán aumentar sus reservas cuando coloquen títulos financieros respaldados por hipotecas hasta un 5% del riesgo por el crédito. Al mismo tiempo, deberán preocuparse que los receptores de créditos hipotecarios cumplan normas
que permitan posteriormente su cancelación.
La nueva ley establece que los bancos comerciales no desarrollen directamente operaciones de alto riesgo, sino que los efectúen a través de subsidiarias que no tendrán acceso a financiamiento de la Reserva Federal. En otras palabras, nuevamente se formarán bancos de inversión, que desaparecieron durante la crisis uno tras otro. Bancos de inversión que fueron presionados para convertirse en bancos comerciales, teniendo que cumplir con las normativas de la Fed, puedan retomar su carácter anterior.
El acuerdo fusiona diversas oficinas reguladoras en un órgano único de control. Paralelamente se le entrega más atribuciones a la Fed en la supervisión de las mayores entidades financieras, que el quebrar puedan conducir a crisis globales de proyecciones impredecibles, como aconteció con Lehman Brothers. Los grandes bancos requerirán contar con capitales mayores.
Estos grandes bancos podrán seguir invirtiendo en derivados, mercado que mueve anualmente unos US$615 billones. Se les autorizará a invertir en instrumentos que según Bloomberg representan un 9,2% de sus negocios. Las clasificadoras de riesgo, que acentuaron con su conducta la crisis financiera, podrán ser sometidas a juicio por todos aquellos que se consideren perjudicados por un "error" de juicio.
En Toronto el Consejo de Estabilidad Financiera (CEF) presentó su segundo informe. Su presidente Mario Draghi propuso en carta enviada a los integrantes del G-20 lograr "acuerdos sobre el período transitorio que permitan alcanzar una normativa robusta, antes que permitir que la preocupación por esa fase transitoria debilite las nuevas normas" (27/06/10). En otras palabras, el calendario para concluir en una reforma financiera se alejó aún más. Se había previsto que se llegase a un acuerdo para aumentar las exigencias de capital a los bancos a fines del presente año, para luego aplicarse progresivamente hasta el año 2012. Ahora el CEF propuso "que la aplicación de las medidas comiencen en 2012 y se establezca entonces un periodo de transición”. El CEF está compuesto por bancos centrales, autoridades nacionales reguladores y asociaciones internacionales de supervisión.
HUGO FAZIO
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