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Carta Económica 25 de Enero de 2010
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La OIT planteó la necesidad de que la recuperación económica vaya acompañada de más empleo.
Ello exige hacer esfuerzos concretos en esa dirección, porque habitualmente los hechos van en otra dirección.
El desempleo se modifica generalmente con efecto rezagado a la variación de los niveles de actividad económica. El Banco Mundial proyecta para 2010 que en la mayoría de los países las tasas de desempleo seguirán creciendo.
La promesa de Piñera de generar en el lapso 2010-2014 un millón de puestos de trabajo debe exigirse su cumplimiento, con medidas concretas. Desde luego a ello no contribuye si se reducen prematuramente los planes de estímulo fiscal y se pone el acento en adoptar medidas a favor del gran capital, mientras se insiste en la llamada “flexibilidad” laboral, en un país que en la práctica ella existe, y se propicia expresamente atomizar el movimiento sindical.  
 
El gran desafío: recuperación con empleo

El director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, efectuó una reunión con los ministros del Trabajo de Brasil, México y Chile, más una representante argentina de esta cartera, para insistir en que la recuperación económica vaya acompañada de más empleo. “Tenemos que asegurarnos – manifestó – de que la recuperación y la generación de empleo sea lo más cercana posible. Históricamente – agregó – ha habido un decalaje fuerte entre la recuperación y la creación de empleo. Nos parece que esos tiempos históricos no pueden ocurrir hoy. Necesitamos - concluyó Somavía – el mismo énfasis político que se tuvo para salvar a los bancos, para salvar empresas y empleo” (14/01/10).
 
Durante la crisis global –que aún no está superada- el número de desempleados aumentó en el mundo, según las cifras de la OIT, entre 39 y 61 millones de personas. “Si se confirmara el peor escenario -enfatizó Somavía-, en 2009 se podría haber alcanzado el número de 241 millones de desempleados, lo cual sería un récord histórico”. Con el agravante que “la recuperación del empleo –acotó- será lenta. Sin las medidas adecuadas, el empleo puede demorar hasta cuatro o cinco años en retornar a los niveles precrisis” (20/01/10). Ello, desde luego, si el curso global o en un conjunto de países importante no se estanca o experimenta un nuevo retroceso. “La recuperación que proyectamos –manifestó el director del Grupo de Proyecciones de Desarrollo del Banco Mundial, Hans Timmer, al dar a conocer las perspectivas de la institución para 2010- no es suficientemente sólida para revertir el daño que se produjo en 2009. En la mayoría de los países –agregó- el desempleo seguirá aumentando” (21/01/10).
 
Joseph Stiglitz afirma que el sistema financiero al iniciarse 2010 es más frágil que antes de la crisis y supone un riesgo para una estabilidad duradera. “Es seguro –recalcó- que el mundo no saldrá de la crisis ni en 2010 ni en 2011. Quizás ni en 2012 y 2013” (20/01/10).
 
Simultáneamente, el director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, expresó su preocupación por las altas tasas de desempleo que, específico, “aún podría subir en Estados Unidos y Europa”, donde en diciembre alcanzó, en ambos lugares, niveles de dos dígitos. EE.UU. y la eurozona anotaron un 10% y la Unión Europea un 9,5%, pero con cifras muy altas en algunos países. Por ejemplo, Letonia 22,3% o España 19,4%. En EE.UU. la última vez que se creó empleo en términos netos fue en diciembre de 2007, desde entonces, o sea en dos años, se perdieron 7,3 millones de puestos de trabajo. En Japón, a otra escala, el desempleo también sube. Alcanzando a un 5,2% de la población activa, porcentaje muy elevado para sus niveles habituales. Japón, por la magnitud de su deuda pública, que se acerca a un 200% del PIB, presenta mayores dificultades y resistencias para las políticas de estímulos fiscales. En particular, se enfrenta a que sea rebajada su calificación de riesgo.
 
Ante esta realidad, Strauss-Kahn sostuvo la necesidad que los gobiernos mantengan las medidas de estímulo fiscal hasta el momento en que la actividad privada pueda reemplazarla, planteando que un porcentaje de esos recursos se orienten directamente a la creación de ocupaciones. Sus palabras fueron pronunciadas teniendo presente que en algunos países se está procediendo prematuramente a recortar el gasto público. Las formulaciones de Somavía apuntaron en la misma dirección. Valoró las medidas anticíclicas adoptadas, señalando que en un informe preparado a petición del G-20 se constató que sin ellas en sus países miembros el desempleo sería muy superior. “Ahora –manifestó- es clave mantener este tipo de medidas (…) al menos hasta que se restablezcan la economía y el empleo” (20/01/10).
 
Estas formulaciones chocan con las de defensores a todo evento del libre mercado -opiniones que se dan en sectores que apoyaron la candidatura de Sebastián Piñera- para los cuales el desempleo debe superarse dejando que los actores económicos actúen y, en consecuencia, se oponen a las medidas de estímulo fiscal. “Sólo porque hay desempleo – dijo John Cochrane, economista de la Universidad de Chicago, expresando esta forma de pensar – no significa que se debe hacer algo para arreglarlo. Los programas de estímulo -añadió – no funcionan para bajar el desempleo. La mejor forma de que la gente tenga trabajo es salirse del camino – concluyó – y que las empresas comiencen a contratar” (17/01/10). Sin las políticas anticíclicas a nivel mundial las tasas de desempleo serían aún superiores.
 
Los ejemplos de países que ponen en primer lugar reducir los déficits fiscales comienzan a repetirse. Es el caso de Rumania, en donde su ministro de Finanzas, Sebastián Vladescu, anunció precisamente una disminución en el gasto, que conlleva al despido de cien mil funcionarios. O el de Grecia enfrentada a la presión para reducir el déficit fiscal desde el 12,5% reconocido por el gobierno Papandreau- luego de permanecer durante años sus estadísticas falseadas – a un 2,8% al año 2012 en un irreal esfuerzo, calificado como la canciller alemana, Angela Merkel, de “hérculeo“, y que desde luego debe agravar la situación económica del país y su tasa de desempleo.
 
Los organismos comunitarios han demandado a Atenas detalles concretos y compromisos específicos de su plan de disminución del déficit fiscal que establece reducirlo en el presente año a un 8,7%, o sea en cuatro puntos porcentuales. El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, luego de entrevistarse con el ministro de Finanzas griego, Giorgos Papaconstantinos, declaró que Grecia se comprometía a "atajar una situación muy seria de grandes desequilibrios presupuestarios y no presupuestarios" (18/01/10).
 
Las obligaciones de Grecia llegan a US$ 365.000 millones, más del doble que Argentina y Rusia cuando suspendieron sus servicios de deuda en 1998 y 2001, respectivamente. Si la situación de Grecia sigue deteriorándose –señaló Jim Reid, jefe de estrategia fundamental del Deutsche Bank-, Europa corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso similar al que vimos en el sector financiero antes de los rescates bancarios. Desde luego, los seguros de cesación de riesgos griegos treparon a un nuevo récord.
 
Son expresiones del choque entre dos concepciones diferentes de cómo actuar en el momento actual de la economía. Seguir privilegiando la recuperación económica o poner en primer plano las crecientes cifras en rojo presupuestarias y/o empezar a temer por un aumento más adelante de la inflación. Una u otra posición conduce a efectos diferentes en el mercado del trabajo. La OIT y el FMI se pronuncian, por ello, en no disminuir prematuramente los estímulos fiscales.
 
America Latina no fue un factor directo de la crisis, sino más bien una víctima de ella. Sus indicadores sociales se deterioraron menos que en los países desarrollados, pero partieron de desequilibrios mayores. De manera que su recuperación es igualmente un tema urgente y el número de las personas desempleadas muy alto. La desocupación promedio regional –según Cepal- subió un punto porcentual del 7,4% al 8,3% de la fuerza de trabajo, al tiempo que se estima un incremento en el número de indigentes en 3,6 millones de personas. El monto de los fondos de pensiones cayó bruscamente para luego recuperarse. Su característica es una acentuada volatilidad. Los países con niveles superiores de recursos colocados en activos de rentas variables, entre ellos Chile, sufrieron con mayor agudeza sus consecuencias. Las medidas anticíclicas también condujeron en la región a un incremento de los déficits públicos y, por ello, está igualmente planteada la disyuntiva de cuándo retirar estos estímulos, así como la formulación de Somavía de aprovechar al producirse la recuperación reducir problemas estructurales como el del desempleo.
 
En Chile, durante 2009 – en una fase recesiva de la economía nacional – se destruyeron en promedio más de 50.000 plazas laborales. Hasta el trimestre móvil septiembre-noviembre, o sea faltando sólo la información de octubre-diciembre, el promedio de personas ocupadas durante 2009 fue de 6.580.002. En el mismo lapso del año anterior llegó a 6.632.410. Por tanto disminuyeron en 52.408 las ocupaciones totales, en circunstancias que lo normal es que crezcan. Las mayores reducciones, si tomamos como referencia los respectivos trimestres de septiembre-noviembre, se dieron en la construcción (-43.300) y en la industria manufacturera (-24.990), siendo contrarrestado ante todo por el incremento en servicios comunales, sociales y personales (+35.040). Se produjo una disminución en el trabajo asalariado, que en doce meses disminuyó en 2,1%. En el país el número de personas ocupadas en el sector transable, o sea en aquellas actividades que se pueden comercializar internacionalmente, alcanza más o menos a un 25% de la fuerza de trabajo.
 
El país ya vivió la experiencia transcurrida desde la recesión de 1998-1999 a la fecha en donde nunca se recuperó las tasas de desempleo previas a la crisis. Por tanto, la tarea es doble. No sólo eliminar el crecimiento del desempleo producido durante la recesión 2008-2009, sino además volver a niveles de desocupación de la primera mitad de 1998, lo cual significa atacar los problemas que conducen a la existencia de desempleo estructural.
 
Crear empleos es un gran desafío de la economía chilena. Sebastian Piñera durante su campaña electoral prometió crear entre los años 2010 y 2014, un millón de nuevos puestos de trabajo. En primer término, para lograrlo se requiere el crecimiento de la economía, que a la fecha de la elección descansó en estímulos fiscales que el presupuesto 2010 – concordado entre la derecha y la Concertación – redujo su fuerza al disminuir el gasto fiscal. Durante la campaña su equipo económico se propuso aplicar una política de balance fiscal y tener un crecimiento del gasto público inferior al ritmo de incremento del producto, lo cual va orientado a reducir el papel del Estado. Por este camino, no se aplica una política de recuperación económica ni de creación de empleos. Su estimación de crecimiento de otra parte, se efectuó sin considerar profundamente la evolución de la economía mundial que, por lo menos, globalmente no aparece propicio en el presente año.
 
Para Felipe Larraín, uno de los principales integrantes de su equipo económico, “si el crecimiento salta a 6% anual, ya no parece inalcanzable doblar la creación de empleo”, ya que durante la administración Bachelet su ritmo de incremento fue de más o menos de cien mil por año. En el logro de este objetivo, Larraín coloca en un primer lugar darle nuevas ventajas a las grandes empresas vía establecer el “mecanismo de depreciación acelerada y la extensión de la tributación en base a utilidades distribuidas” y no las obtenidas, dando como pretexto que así se favorecerá a las pymes (18/01/10). Es decir, dándole nuevas ventajas al gran capital.
 
La propuesta de Piñera se propone lograrlo, de otra parte, mediante regresiones en el mercado del trabajo, como buscar sacar adelante la llamada flexibilidad laboral, eliminando beneficios existentes para los trabajadores, particularmente la indemnización por años de servicio, así como reducir el número mínimo de personas requeridas para conformar un sindicato, lo cual conduciría a un mayor debilitamiento de estas organizaciones. Y, en consecuencia, acentuar los desequilibrios en el mercado de trabajo, donde predomina claramente una de las partes.
 
HUGO FAZIO  
 
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