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Paridad cambiaria rompe barrera de $500
El 16 de noviembre, el peso se colocó bajo los $500 por dólar estadounidense, cayendo a $496,30 comprador y $496,80 vendedor con una reducción en lo que corría del año de $144,7 y una disminución en el cuarto trimestre de $57, convirtiéndose en el país que en ese lapso más se revaluó su moneda en relación con la divisa norteamericana. Hace un año atrás, la paridad promedio de noviembre fue de $651,51. Desde ese mes cayó sostenidamente hasta julio, influida por el curso ascendente que durante ese lapso experimentó el precio del cobre y otros recursos primarios, además de la liquidación diaria de US$40 millones efectuada por el ministerio de Hacienda para contribuir a financiar el déficit presupuestario originado de un lado por el necesario plan de estímulo fiscal –eso sí aplicado tardíamente cuando ya la economía se encontraba en recesión- y de otro por la contracción económica que reduce los ingresos fiscales. La reducción en doce meses alcanzó en ese momento a cerca de 24%. Posteriormente la paridad siguió descendiendo, rompiendo momentáneamente la barrera de $490, para luego recuperarse sobre los $500 al reiterar José de Gregorio que el Banco Central no descarta “volver a intervenir” (20/11/09).
Tipo de cambio promedio mensual desde noviembre de 2008
(Fuente: Banco Central. En pesos por dólar estadounidense)
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Mes |
Paridad |
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| 2008 |
Noviembre
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651,51
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Diciembre
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649,32 |
| 2009 |
Enero
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623,01 |
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Febrero |
606,00 |
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Marzo |
592,93 |
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Abril |
583,18 |
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Mayo |
565,72 |
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Junio |
553,08 |
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Julio
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540,42 |
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Agosto
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546,88 |
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Septiembre
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549,07 |
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Octubre
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545,83 |
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Noviembre(*)
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512,95 |
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* al día 20
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La tendencia descendente de la paridad se cortó transitoriamente durante el tercer trimestre al efectuarse desde Chile operaciones de carry trade realizadas por bancos comerciales o a través de ellos para aprovechar las bajas tasas de interés del Banco Central, de 0,5% nominal anual, para colocarlos en otros mercados, particularmente el brasileño, a una tasa de interés mucho más elevada. Este movimiento netamente especulativo, y que beneficiaba a quienes los efectuaban, fundamentalmente bancos comerciales extranjeros o nacionales, se revirtió cuando Brasil al iniciarse la segunda quincena de octubre estableció un impuesto de 2% a inversiones de cartera en acciones y en títulos locales de renta fija, con el objetivo –según explicitó su ministro de Hacienda, Guido Mantega-, de “prevenir que haya un exceso de especulación y de valorización del real” (20/10/09). Hasta mediados de noviembre en el curso del año la apreciación de la moneda brasileña era de un elevado 36%, en gran medida por la decisión de inversionistas de trasladar recursos a reales que preferentemente lo tenían colocados en dólares.
El gravamen se estableció después de no dar resultado la acción efectuada por el Banco Central brasileño de adquirir dólares desde el 8 de mayo para intentar detener sin éxito la apreciación del real, destinando a ese fin US$20.000 millones de dólares en seis meses. Paralelamente, las autoridades brasileñas han estimulado a los exportadores para que mantengan por un lapso mayor sus divisas en el exterior, medida también condenada al fracaso mientras existe la tendencia a la apreciación del real, ya que de ser así disminuyen sus retornos en la moneda local. Varios países emergentes han intervenido también intentando detener las revaluaciones de sus monedas que deteriora su comercio exterior y afecta sus niveles de actividad económica.
En cambio, en Chile el ministerio de Hacienda mantuvo imperturbable hasta culminarlo su programa de venta de divisas para financiar el déficit fiscal, decisión que Colombia suspendió. Inexplicablemente el Banco Central rechazó adquirirlos directamente, con lo cual se habría evitado la presión revaluatoria del peso. Son las incongruencias de mantener un instituto emisor autónomo, que se aferra a concepciones fundamentalistas, sin tener en consideración el interés nacional.
De esta manera acumular divisas en fondos soberanos en el exterior, destinando unilateralmente a este propósito los excedentes fiscales originados por el alto precio del cobre –que vuelven a producirse-para ser utilizados cuando el país lo requiriese se transformó en un absurdo: cuando se precisan no pueden usarse. Si se utilizan es un factor revaluatorio, que el Banco Central se negó a evitar. Los recursos extraordinarios de los años de las “vacas gordas” no se pueden emplear o debe restringirse su uso en los momentos de “vacas flacas”. Constituye una comedia de equivocaciones. Es claro, negativa para el país.
Haciendo aún más absurda la situación el presupuesto del año 2010 se aprobó aumentando la autorización de endeudamiento desde los US$4.500 millones propuestos inicialmente a US$6.000 millones, precisamente para permitir financiar el déficit fiscal en el mercado interno y evitar así ingresar recursos desde el exterior . Se acumularán, por tanto, divisas y se asumirá deudas en el país, cancelando los intereses correspondientes. Para el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, “es un aporte de varios miles de millones de dólares a la competitividad de los exportadores” (17/11/09). Eso sí no explicó por qué no se adoptó antes y menos aún la razón que siga sin venderse divisas directamente al Banco Central, lo cual evitaría cancelar intereses.
La divisa norteamericana desde hace meses desciende a nivel mundial. El 16 de noviembre, el índice del dólar a nivel global medido con relación a una canasta de monedas volvía a caer, tendencia que se extendía por ocho meses. El discurso del presidente de la Fed, Ben Bernanke, ese día resultó contradictorio. Reafirmó que se deberían esperar “niveles excepcionalmente bajos de la tasas de fondos federales por un período extendido”. Pero, en la misma alocución reiteraba que la Fed “contribuirá a asegurar que el dólar sea fuerte y una fuente de estabilidad financiera global” (18/11/09). La historia enseña que en Japón las bajas tasas de interés estimularon durante años operaciones de carry trade, devaluando el yen, hasta que se revirtieron en el momento más agudo de la crisis financiera.
“(…) hay una debilidad global del dólar –constató el presidente del Banco Central, José de Gregorio- y ese fenómeno lo enfrentan el grueso de los países emergentes (…)” (11/10/09). Sin embargo, la institución que dirige lo hace limitadamente al efectuar advertencias, tratando de influir sobre las expectativas. “Nuestro esquema de flotación (dejado al “mercado”. N del A) admite que en situaciones excepcionales -agregó- nosotros podamos intervenir”. De esta manera, trata de detener la especulación contra el dólar, lo cual no puede sino tener efectos transitorios. El país requiere que se tenga una política cambiaria efectiva que reduzca la volatilidad del tipo de cambio. “Nos sentimos extraordinariamente defraudados –criticó el presidente de la Asociación de Exportadores, Ronald Bown- al no ver ninguna reacción de las autoridades. (…) hay productores y exportadores –añadió- que están operando a pérdida” (17/11/09).
“(…) los inversionistas que se refugiaron en masa en la seguridad del dólar –comentó The Wall Street Journal- están trasladando sus fondos. Como resultado –constató- el dólar ha vuelto a caer y las monedas de los mercados emergentes se han disparado. Los libros de texto dicen que esto debería ayudar a restablecer el equilibrio” (12/11/09). Los hechos han demostrado múltiples veces que cuando los desequilibrios tienden a ser muy fuertes, el “mercado” no resuelve los desajustes o se demora extraordinariamente en hacerlo con costos muy elevados.
El profesor de la Universidad de Berkeley, Barry Eichengreen, en su visita a Chile en días recientes, señal que EE.UU. debe reducir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. “Como regla –detalló- nosotros podemos reducir el déficit externo en 1% del PIB a través de una depreciación de 10% del dólar. De ese modo, ya completamos el primer tercio de la tarea, pues a mi juicio el dólar debe caer otro 20% para ajustar el desequilibrio durante los dos próximos años, a medida que la reactivación se vaya asentando. (…) seguiremos presenciando la apreciación de las monedas de mercados emergentes contra el dólar, el euro y el yen” (22/11/09).
La fuerte volatilidad del dólar en el curso del año es consecuencia, ante todo, de la forma de actuar del capital especulativo. En los momentos más agudos de la crisis financiera se refugiaron en los bonos del Tesoro y en el dólar, revaluándolo, cuando percibieron que podían obtener rentabilidades en diferentes mercados con una transitoria seguridad se dirigieron hacia ellos, moviendo las paridades cambiarias en sentido inverso. La especulación ha vuelto a predominar en los mercados. Su magnitud tiene directa relación con los billones de dólares que los bancos centrales han inyectado en la economía y los elevados déficit fiscales. “El dólar –observó el FMI- se ha convertido en la moneda en que los inversionistas se endeudan (…). La práctica conocida como carry trade –añadió-, contribuye a la debilidad del dólar e impulsa las inversiones internacionales” (10/11/09). Ello favorece a la economía norteamericana que gana competitividad y estimula los movimientos especulativos. Por eso que aunque las autoridades estadounidenses –como Ben Bernanke- repiten constantemente que están por un “dólar fuerte” nada hacen para lograrlo.
En la segunda mitad del año 2009, “la debilidad del dólar –como reseñó Economist Intelligence Unit- (…) sigue siendo la gran historia en los mercados de divisas” (11/11/09). Con la característica que los flujos de recursos se dirigen hacia los mercados emergentes. El director del Departamento de Economía del MIT, Ricardo Caballero, en su presentación en Enade 2009 recalcó que ello le preocupa “porque genera gran inestabilidad. Es la razón –añadió- por la cual países como Brasil tiene impuestos a los flujos de capitales (…)” (18/11/09). En Chile su ingreso o salida no tiene restricciones.
Ello forma parte de una problemática mucho más general: la necesidad de modificar el sistema global de reservas, gran desequilibrio que sigue pendiente. “(…) el panorama global para el dólar –constató el análisis de Economist Intelligence- es muy incierto para los próximos años”.
La revaluación en una economía abierta como la chilena, de bajos aranceles, no sólo –como se señala reiteradamente- tiene efectos adversos en el sector exportador, sino golpea a numerosas empresas medianas y pequeñas que no pueden competir frente a la invasión de productos importados. Ello debilita las políticas de estímulo que terminan favoreciendo no a la producción nacional sino a la efectuada en otros países. Ante esta realidad es imprescindible tener políticas concretas para a lo menos reducir sus efectos. Cuando el Banco Central actúe lo volverá a hacer tardíamente, como aconteció con la baja de intereses que demoró suponiendo que el problema principal era la inflación cuando la economía entraba en recesión por la caída de la demanda.
Uno de los objetivos gubernamentales es transformar a Chile en una “potencia agroalimentaria”. Con el curso revaluatorio del peso ello resulta imposible y aleja en el tiempo inmediatamente este objetivo. Una vez más se evidencia la falta de coordinación en las políticas oficiales, se levanta una consigna y las políticas concretas hacen no factible materializarla. Por lo demás, es la suerte corrida también por muchos sectores que producen o producían para el mercado interno o externo.
HUGO FAZIO
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