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Cumbre de Pittsburgh del G-20: tercera decepción
La tercera cumbre del G-20 en el período de la crisis iniciada a mediados de 2007 acordó designarse “como foro principal para nuestra cooperación económica internacional”. El G-7 y el G-8, cuya incapacidad para encabezar estos temas era ya evidente quedan al margen de los temas económicos1. El G-20 reúne a cerca de un 85% del PIB mundial, a las dos terceras partes de la población de la tierra e incorpora a las deliberaciones globales a países emergente cuyo protagonismo en la arena mundial es creciente. Entre los años 2000 y 2007 los países emergentes crecieron tres veces más rápido que las naciones industrializadas. Ello se hizo aún más evidente durante la crisis, particularmente en 2009. El G-20 constituye claramente un avance con relación al G-7 ó al G-8, pero es siempre una estructura autoelegida. No tiene una gestación democrática. El G-20 –constató incluso el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick-, “no puede ser un comité autónomo ni ignorar las voces de más de 160 países que quedaron fuera” (29/09/09)2. En Pittsburgh participaron, además, España y Holanda. En junio de 2010 volverá a reunirse en Canadá, efectuándose la reunión de ambas instancias, el G-20 y el G-8.
“La decisión del G-20 de elevarse a sí mismo sobre el G-8 y otros grupos –comentó Economist Intelligence Unit- es un reconocimiento del giro en el centro de gravedad en la economía mundial en años recientes hacia los mercados emergentes. La crisis económica y financiera global –añadió- probablemente ha acelerado este giro (…). La membresía del G-8, está implícito -subrayó-, es demasiado limitada para abordar problemas de verdad globales, y el G-20 es mucho más representativo de las fuerzas económicas que operan hoy” (29/09/09).
Ante la determinación del G-20 de constituirse en “el foro principal para nuestra cooperación económica internacional”, proponiéndose en la próxima cita recibir “recomendaciones sobre cómo maximizar la eficiencia de nuestra cooperación”, surge inmediatamente la interrogante si es lo que requiere el mundo para enfrentar los grandes desajustes que tiene ante sí, tanto por su origen como por su carencia de capacidad operativa.
“Los mandatarios –comentó El País- (…) cuentan una historia de éxitos, infrecuente en un organismo multilateral: se ha evitado el desastre total (…) Pero tras la fanfarria diplomática, la cumbre de Pittsburgh ha resultado más bien una cura de humildad, con serias dificultades para avanzar en la regulación financiera. Y el futuro próximo dirá si no ha sido también una primera señal de impotencia. (…) bajo la apariencia de un “calendario más detallado”, el G-20 se ha dado más tiempo para desarrollar una reforma financiera que en Londres era urgente” (27/09/09).
Peor aún, el G-20 afirmó “no recurriremos al proteccionismo financiero, particularmente a las medidas que restringirían los flujos de capitales a escala mundial”. Precisamente, fue la carencia de regulación de estos flujos uno de los factores principales que agravó la crisis. Ya van cuatro décadas que el premio Nobel James Tobin planteó gravar los movimientos especulativos, sin que se proceda a ponerlo en práctica, aunque la crisis demostró con particular fuerza su urgencia, tanto es así que el G-20 mandató al FMI, según dio a conocer el organismo internacional, para estudiar gravar las transacciones financieras especulativas. Una medida que, como dijera el premio Nobel 1981, “echan arena en los engranajes demasiado bien engrasados de los mercados financieros”. Pero, rápidamente el director gerente del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, se apresuró en afirmar: “No creo que una idea tan simplista funcione; por muchas razones, pero por sobre todo (…) porque sería muy difícil de implementarla” (02/10/09).
El FMI encargó el tema a su subdirector John Lipsky, ex vicepresidente del banco norteamericano JP Morgan, quien dio a conocer que el estudio se orienta a “algún tipo de seguro a través de un impuesto sobre el sistema bancario, inspirado en el seguro de garantía de depósitos, para mitigar los costes de los rescates sobre la banca” (02/10/09). Es decir, otro mecanismo que ninguna relación tiene con el impuesto Tobin.
“El G-20, en sus reuniones –como señaló Attac- (…) confirma que los gobiernos de los países más poderosos consideran que el actual sistema financiero debe ser rehabilitado, en lugar de ser puesto en la picota: su fe en la capacidad de los mercados para autorregularse queda globalmente intacta”.
No se cumplió con lo acordado en Londres de que la mayoría de las reformas planteadas para el sector financiero debían ponerse en funcionamiento antes de finalizar el año 2009. El Consejo de Estabilidad Financiera y el Banco Internacional de Pagos cumplieron con la tarea que se les asignó de proponer medidas. Pero, el G-20 se dio plazo hasta “finales de 2010” para establecer reglas internacionales, postergando hasta “finales de 2012” su puesta en ejecución. De esta manera, sólo se favorece que se cumpla con la advertencia efectuada antes de la cita por el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega: “Ahora que la situación mejora, la presión de los bancos para retrasar las reformas será mucho mayor” (26/09/09).
El comunicado final informó que “las reglas serán adoptadas a medida que las condiciones financieras mejoren y la recuperación esté asegurada”. El argumento fue que obligar a los bancos a acumular reservas, como se recomendó, podría conducirles a prestar todavía menos. Las tantas veces proclamada promesa de construir un nuevo orden financiero internacional, como ya aconteció después de la crisis del sudeste asiático, tiene una muy elevada posibilidad de postergarse como tema de preocupación para la próxima crisis. Ello en circunstancias que el Informe de Estabilidad Financiera Global entregado por el FMI a la semana siguiente de la Cumbre constató que “el crédito sigue sin fluir y asegura una recuperación lenta” (30/09/09).
La demora en enfrentar las reformas financieras favorece la vuelta a las prácticas que empujaron la crisis. “En el nefasto período que siguió a la quiebra de Lehman –escribió Paul Krugman-, parecía inconcebible que los banqueros volvieran a las andadas al cabo de pocos meses y reanudaran las prácticas que estuvieron a punto de hundir el sistema financiero. Pero ahora –agregó- que nos hemos alejado unos cuantos pasos del borde del abismo el sector financiero está volviendo rápidamente a la rutina. Aunque el resto del país sigue sufriendo como consecuencias del aumento del desempleo y las durísimas privaciones, las nóminas en Wall Street están volviendo a los niveles anteriores a la crisis. Y el sector está haciendo alarde de su garra política para bloquear hasta las más mínimas reformas” (27/09/09).
La reunión adoptó de otra parte, el compromiso de “mantener nuestra vigorosa respuesta hasta que se asegure la recuperación, evitaremos –añadió el documento final- la retirada prematura de los estímulos públicos”. Retirarlos prematuramente habría significado la frustración en ciernes de los procesos de reducción de la caída o recuperación de los niveles de actividad. Es decir, se limitó a ratificar la formulación generalizada que se venía efectuando. Sin embargo, como señaló el FMI previo a la cita “para las personas que pierdan puestos de trabajo la crisis no ha terminado” (24/09/09). Los impactos de la crisis durarán largo tiempo. “El producto per cápita no se recuperará al nivel anterior a la crisis –manifestó un documento del Fondo divulgado en Washington en la semana de la cumbre- porque el capital por trabajador, la tasa de desocupación y la productividad no mejorarán hasta dentro de siete años” (26/09/09). Ante la magnitud de los problemas existentes las formulaciones generales de las conclusiones de la cumbre no resultan satisfactorias aunque algunos pasos dados de coordinación sean positivos.
El mayor peso adquirido por los países emergentes se expresó de diferentes formas, entre ellas en acordar modificar los niveles de representatividad en el FMI y el Banco Mundial (BM). El acuerdo se materializará aumentando en un 5% el derecho a voto en el Fondo a varios países emergentes y en un 3% en el BM, debiendo disminuirse la participación de países sobrerrepresentados en relación a las dimensión de sus economías. La propuesta de los países miembros del BRIC (China, India, Brasil y Rusia) es aumentar en 7% el porcentaje de los países emergente en el FMI. La modificación se pondrá en práctica recién en el año 2011. La presencia de los países industrializados descendería del 57% al 52%, manteniendo la mayoría. Más aún, durante por todavía un largo y complejo proceso económico palancas muy importantes para enfrentar la crisis quedan en manos de un organismo cuestionado en su representatividad. Asimismo se aumentará la participación de los países emergentes en el Consejo de Estabilidad Financiera, al que se le asignará la responsabilidad de coordinar la regulación financiera global.
A comienzos de octubre, el Comité Monetario y Financiero Internacional acordó aprobar en la próxima asamblea del FMI en abril de 2010 que los directores gerentes serán designados a futuro en un proceso “abierto, basado en el mérito y transparente”. Desde 1944 todos sus máximos ejecutivos han sido europeos y el número dos norteamericano.
“Pero –comentó The Economist- cuánta influencia tendrá realmente el mundo en vías de desarrollo sigue siendo poco claro. Cuando se trata de resolver problemas que requieren que los países alteren sus políticas, sostiene Raghuram Rojan, ex economista jefe del FMI, la pregunta fundamental es, ¿cuánta soberanía se está dispuesto a ceder, por el boom económico global? La respuesta, en este momento, es cero” (02/10/09).
La mayor presencia de los países emergentes en las estructuras de los organismos políticos es un reconocimiento de la nueva realidad mundial. Pero, no significa automáticamente cambios en sus políticas. A lo menos, ese es un proceso mucho más largo. “Es sólo un reconocimiento a su nueva importancia, a su trayectoria exitosa –manifestó el investigador jefe del departamento de Desarrollo del BM, Philip Keefer- (…) Pero eso no significa que vayan a hacer algo radicalmente diferente porque es un cambio que no tiene que ver con el ejercicio del poder” (04/10/09). Para hablar de un cambio con una proyección mayor debe manifestarse en políticas que enfrenten los grandes desequilibrios en la economía mundial.
Se acordó citar a una reunión de ministros de Economía en noviembre para tratar la construcción de “un marco para el crecimiento sostenible”, propuesta efectuada por la Casa Blanca. Hacerlo sería buscar enfrentar desequilibrios muy profundos de la economía mundial que no desaparecen al recuperarse tasas de crecimiento, como los existentes en las cuentas corrientes de las balanzas de pagos, con superávit elevados en algunos países (China, grandes exportadores de petróleo, por ejemplo) y gigantescos déficit en otros, empezando por EE.UU. “Esto es una velada alusión –comentó Economist Intelligence- al rol de los déficit gemelos en Estados Unidos y la subvaluada moneda china en la preservación de los desequilibrios que se acumularon antes de la crisis” (29/09/09). Para lograrlo, debe corregirse, por ejemplo el elevado consumo y endeudamiento norteamericano, al tiempo que incrementarse la demanda interna en China con vistas a ser menos dependientes de las ventas al exterior. Al cuestionado FMI se le asignó la misión de evaluar las coherencias de las políticas nacionales para avanzar en esa dirección.
“Los desequilibrios globales –señaló al comentar este acuerdo el director asociado de Financial Times, Wolfgang Münchaw- finalmente llegaron a la agenda del G-20. (…) al menos ahora hay un reconocimiento oficial de que la crisis no es sólo acerca de la regulación y supervisión financiera, sino que tiene raíces más profundas en la política económica global” (29/09/09). Otro tema es si realmente se aborda y la profundidad o no con que se haga. “Rebalancear la economía global –comentó Financial Times- suena estupendo. Pero pese a lo atractivo del concepto, evocado de nuevo por el Fondo Monetario Internacional (…), nadie posee tener la voluntad de hacerlo” (05/10/09).
Tampoco se progresó en el largo estancamiento de la Ronda de Doha, más urgente aún cuando la reunión tuvo lugar en un momento de recrudecimiento de conflictos a partir de medidas proteccionistas adoptadas por EE.UU. La Ronda de Doha se inició el año 2001 y se mantiene estancada, ante todo, por la negativa de las grandes potencias a eliminar subsidios o mecanismos de protección que afectan a economías menos desarrolladas, cuando lo que se requiere a nivel mundial es que imperen principios de “discriminación positiva”.
Entre los grandes temas que no aparecen en el comunicado de la Cumbre está la crisis del dólar y la necesidad de un nuevo sistema mundial de reservas internacionales, carencia que pone en duda la real voluntad de estudiar los desequilibrios globales “(…) hablar no cuesta nada –constató The Economist-, especialmente porque estos importantes señores ni siquiera discutieron sobre los tipos de cambio (03/10/09). Mientras no se aborden estos temas fundamentales “el foro principal para la cooperación internacional” no estará buscando enfrentar temas centrales. Es un asunto tan crucial que a los pocos días de finalizada la cita lo planteó públicamente en un discurso en la universidad Johns Hopkins de Baltimore el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. “La actual suposición –manifestó- es que después de la crisis la economía reflejará la creciente influencia de China, probablemente India, y de otras grandes economías emergentes- supuestamente, EE.UU. será reducido su poder económico e influencia” (29/09/09). Ello ya se manifestó en Pittsburgh.
En este nuevo orden, agregó Zoellick, el dólar podría perder su posición dominante, que viene desde la conferencia de Bretton Woods en 1944. “Estados Unidos se equivocaría si creyese garantizado para su moneda el papel de divisa predominante del mundo. Mirando hacia delante, cada vez más habrá otras opciones diferentes”, entre las que mencionó al euro y el yuan chino, precisando que “el dólar seguirá siendo una de las principales divisas”. La crisis del dólar y del sistema mundial de reservas hay que enfrentarlas antes que estallen. Al no abordar asuntos tan decisivos el G-20 no se coloca a la altura de las circunstancias.
HUGO FAZIO
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